viernes, 14 de marzo de 2014

LOS PENOSOS HECHOS QUE EN ZACATECAS PROMOVIÓ EL GENERAL JESÚS GONZÁLEZ ORTEGA, HACIA 1859.



 En la tesis de licenciatura de Itzel Magaña Ocaña[1], se cita un pasaje que desde el punto de vista de las curiosidades taurinas, resulta interesante.
   Para poder entrar en contexto, debe anotarse lo siguiente:
Juárez, desde Veracruz lanzó un Manifiesto a la nación de julio de 1859, en él, culpaba al clero de haber fomentado la guerra y de haber ayudado económicamente a sostenerla; todo ello condujo a que el gobierno liberal, decretara la ley de nacionalización de las propiedades eclesiásticas, en el conjunto de leyes conocidas con las leyes de Reforma.
   (…) las medidas reformistas que frenaban el poder del clero fueron adoptadas en un principio a nivel federal, como en el caso del general Jesús González Ortega,[2] gobernador de Zacatecas. Se dice, que las medidas tomadas en diversos estados, obligaron al presidente a decretar desde Veracruz las Leyes de Reforma, y en especial la ley de nacionalización de los bienes eclesiásticos. El caso de González Ortega es significativo.
 En un decreto del 16 de junio de 1859, promulgó la pena de muerte contra todo sacerdote que de alguna manera fomentara la desobediencia de las leyes federales; la pena de muerte a todo el que pidiera o aceptara la retractación del juramento a la Constitución;… al que negara los sacramentos a quienes hubiesen prestado el juramento o adquirido propiedades de la Iglesia… suprimió las comunidades religiosas y expulsó de su estado a todos los clérigos. Nacionalizó las propiedades del clero, prohibió las procesiones religiosas y el 14 de julio de 1859, promulgó la ley del matrimonio civil.[3]
    (…)Es curioso por ejemplo, el caso del autor Regis Planchet, quien describe ampliamente la personalidad y el anticlericalismo de González Ortega, cuando afirma,
 …dispuso unas corridas de toros en que se presenciaron cosas repugnantes que sólo el antiguo payaso y ladrón sacrílego de Zacatecas podía haber ideado. A los locos y toreros los vistió de obispos, denominándolos Munguía,[4] Lázaro, Labastida,[5] Barajas,[6] Pedro,[7] etc. A los picadores los uniformó de generales y les dio los apellidos de Miramón,[8] Márquez, Mejía[9] y otros jefes conservadores. Cuando iba a picar el toro, aquella canalla insolente gritaba: Pica a Pío IX,[10] general Miramón. Ahora tú, general Márquez,[11] pica a Benedicto.[12]
En el 131 Aniversario Luctuoso del General Jesús González Ortega el Instituto Electoral del Estado de Zacatecas el H. Ayuntamiento 2010 – 2013 de Valparaíso y la Escuela Primaria González Ortega, le rindieron un homenaje que se efectuó en la Hacienda de San Mateo, en el Municipio de Valparaíso. Recuérdese que en tan emblemática como histórica hacienda nació este personaje en 1822. Al finalizar dicha centuria, y bajo la égida de Antonio Llaguno, comenzaría la feliz aventura que se materializaría en la famosa historia de los toros bravos de San Mateo, nutriente y fortaleza en la ganadería mexicana en los primeros 50 años del siglo XX.
    La cita anterior, es importante, puesto que ningún otro autor da cuenta de éste hecho, aunque al mismo tiempo parece poco probable lo descrito.
   Tales festejos, de haberse verificado, pudieron celebrarse en el curso de 1859. El rumbo de Zacatecas era peculiarmente taurino. Tan es así, que el propio González Ortega, por alguna circunstancia de la casualidad, nació en la hacienda de San Mateo de Valparaíso, misma que medio siglo más tarde, se convertiría en el espacio rural más importante de la ganadería de toros bravos en nuestro país.
   Curiosamente en 1860, y el 18 de noviembre, se celebró en la plaza de toros del Paseo Nuevo una corrida en la que actuó Bernardo Gaviño, con 5 toros de Atenco. Corrida a beneficio de las familias pobres de esta ciudad (de México). Toro embolado y fuegos artificiales.
    Debido al triunfo del ejército constitucionalista, al mando del General Jesús González Ortega, acérrimo enemigo del General Miguel Miramón, este último se vio obligado a pedir asilo a la embajada española, por lo que fue acogido por uno de sus representantes, el señor Ballesteros. Esto ocurrió la noche del 24 de diciembre de 1860.
Concepción Lombardo de Miramón, apunta en sus Memorias, que estando ya bajo la protección diplomática
…oímos otra llamada en la puerta de la embajada; el que venía a pedir asilo era un famoso torero, Bernardo Gaviño, que por tener simpatías por mi esposo y haberse dedicado algunas corridas de toros, temía ser maltratado por los constitucionalistas.[13]
 Y luego, el 13 de enero de 1861, en el mismo escenario taurino ocurre la posible actuación de Bernardo Gaviño, en función dedicada al Sr. General D. Jesús González Ortega. Se desconoce de donde fueron los toros lidiados.
   Sin embargo, como he podido comprobar, fue el propio diestro gaditano, quien se adhirió a Miramón, escapando con él hacia Veracruz.
   Eran tiempos sumamente difíciles, en los que la política y su conflictiva tenían un comportamiento agitado, con matices de diversa coloratura, nada convenientes para el destino de una nación que no encontraba todavía ningún reposo, ni tampoco coincidía con el destino que tanto anhelo y pasión pusieron sus hombres y sus mujeres para conseguir un México mejor.

Fuente: http://ahtm.wordpress.com
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[1] Itzel Magaña Ocaña: “Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos obispo y arzobispo de México frente a la reforma y el segundo imperio. (Pensamiento y acción de los conservadores)”. Tesis de licenciatura. Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras, 1993. 208 pp.
[2] Jesús González Ortega fue el más brillante militar de la República, el vencedor de Miramón y el héroe del Sitio de Puebla. Nació en la hacienda de San Mateo Valparaíso en Fresnillo, Zac., el 9 de enero de 1822, y después de algunos estudios en Guadalajara trabajó como escribiente en la población de Teúl, Zac., y era diputado al Congreso local.
[3] Robert J. Knowlton: Los bienes del clero y la Reforma mexicana. 1856-1910. Traducción de Juan José Utrilla. México, Fondo de Cultura Económica, 1985, p. 98.
[4] Clemente de Jesús Munguía (1808-1873). Nació en los Reyes, Michoacán. Durante doce años fue obispo de Michoacán y su primer arzobispo. Fuerte opositor de las disposiciones liberales, fue desterrado por el gobierno juarista en 1861, junto con otros miembros de la Iglesia. Regresó al país en 1863, aunque volvió al exilio debido a la política liberal de desamortización de los bienes del clero por Maximiliano. Murió en Roma.
[5] Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, arzobispo de México, quien encabezó la oposición eclesiástica a Juárez, y posteriormente a Maximiliano.
[6] Pedro Barajas y Moreno (1795-1868). Nació en Lagos, Jalisco. Doctor en cánones por la Universidad de Guadalajara, ocupó diversos cargos eclesiásticos en la capital del estado de Jalisco. En 1854 fue nombrado obispo de San Luis Potosí. El gobierno juarista lo expulsó del país, junto con otros prelados y diplomáticos, por su participación en la Guerra de Reforma. Posteriormente regresó al país y murió en su diócesis.
[7] Pedro Escudero y Echánove (1818-1897). Nació en la ciudad de Campeche y murió en la ciudad de México. Diputado liberal por Yucatán al Congreso Constituyente de 1856-1857. posteriormente se mostró partidario del Imperio, siendo designado por Maximiliano ministro de Justicia. Fue autor de la legislación relativa a los procedimientos para la adjudicación de los bienes eclesiásticos. Al triunfo de la República, se retiró de la política.
[8] Miguel Miramón y Tarelo, militar de carrera. Conservador y Presidente de la República en 1859.
[9] General de División Don Tomás Mejía.
[10] Se trata de Pío IX 81792-1878). Papa de la Iglesia católica.
[11] General Leonardo Márquez, quien junto con Miramón, es el más destacado militar conservador, después de la muerte de Luis G. Osollo. Márquez era un militar capaz pero muy sanguinario y falto de escrúpulos. Mandó asesinar a Melchor Ocampo y fusiló a Leandro Valle, entre otros muchos jefes militares que cayeron en sus manos.
[12] Regis Planchet: La cuestión religiosa o sea la vida de Benito Juárez.Librería Pontificia. Roma, 1906, p. 138.
[13] Concepción Lombardo de Miramón: Memorias de (…). Preliminar y algunas notas de Felipe Teixidor. México, editorial Porrúa, S.A., 1980. XIV-1005 pp. Ils., retrs., fots. (Biblioteca Porrúa, 74)., p. 300.

miércoles, 12 de marzo de 2014

"El Embrujo Del Brujo"

"El Pana" Embruja a la Aficion Zacatecana

Martes 11 Marzo 2014


El dia de ayer en el auditorio del Museo de arte Abstracto Manuel Felguérez se llevo a cabo la tertulia "El Embrujo del Brujo" Por Rodolfo Roriguez "El Pana" y moderada por la periodista Natalia Pescador, con motivo del segundo aniversario de Juventud Taurina Zacatecas. 


Durante la tan amena platica que tuvo El Pana con la aficion Zacatecana, que duro aproximadamente 1 hr, pudimos escuchar la historia detras de El Pana, como es que llego a ser torero, su feroz lucha contra el alcoholismo y muchismas vivencias que el brujo de apizaco compartio con la gran aficion zacatecana que lleno hasta la bandera el auditorio del museo Manuel Felguérez, dejandolos totalmente "Embrujados" con tan sus conocidas ocurrencias.
Y como el lo dijo "El Pana llena plazas y auditorios y aqui esta la prueba".
Despues de la tertulia los miembros de Juventud Taurina Zacatecas otorgaron un reconocimiento a Rodolfo Rodriguez y Natalia Pescador para despues continuar con un brindis amenizado por el grupo Ecos del Ayer y Hoy y la presentacion de la exposicion Toros En La Tinta de Mariano Infante.

El grupo Zacatecas Taurino Felicita a todos los intregrantes de Juventud Taurina Zacatecas por su segundo aniversario y por realizar este tipo de eventos... ENHORABUENA!



miércoles, 5 de marzo de 2014

TRIUNFA EMMANUEL CUENCA EN JEREZ





Dentro del marco de la XV edición de La Jerezada se llevo a cabo después de la Tradicional Jerezada una novillada de lujo donde el cartel estuvo compuesto por los Zacatecanos: Edgar Badillo, Rodolfo Martínez "El Rorro", Gloria García y el debutante Emmanuel Cuenca, lidiando un encierro de Jose Julián Llaguno que fue bueno destacando el segundo que recibió arrastre lento y el cuarto que fue aplaudido, siendo Emmanuel Cuenca el triunfador de la tarde al cortar dos orejas y conseguir su salida en hombros. Detalles: Edgar Badillo: Palmas Rodolfo Martínez: Vuelta al ruedo Gloria: Gloria García: Salida al tercio Emmanuel Cuenca: Dos Orejas, Sale en Hombros.


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JEREZADA 2014 Todo un éxito


SE LLEVA A CABO TRADICIONAL JEREZADA


Domingo 2 de marzo 2014 En el pueblo mágico de Jerez, Zac. La peña taurina Jerezana y el gobierno municipal llevaron a cabo la XV edición de La Jerezada, en la que se pudo disfrutar de varias actividades para toda la familia, como una cata de vino, un taller de gastronomía y para los niños la tradicional jerezadita el sábado por la tarde, comenzando estas actividades el pasado jueves con un concierto de la internacional banda sinfónica del estado de Zacatecas. 

El viernes por la noche se dio el primer encierro nocturno evento que resultó todo un éxito donde decenas de personas corrieron de las astas de los bravos toros. 






Ya el domingo aprox. A las 14:30 hrs llegaba lo que toda la gente esperaba La Tradicional Jerezada donde también decenas de personas al estilo de Pamplona España corrían por la calles céntricas de Jerez evitando las astas de los toros, los cuales corrieron por las calles al rededor de dos horas. Dentro de la Jerezada hubo algunos accidentes ninguno de gravedad.







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lunes, 17 de febrero de 2014

TRIUNFA FERNANDO OCHOA EN SU DESPEDIDA EN ZACATECAS

Dos orejas para Fernando Ochoa, así se despide de la afición Zacatecana.
Pablo Hermoso De Mendoza y Fermin Spinola cortan una oreja.


Con más de media entrada y en tarde agradable se llevo a cabo la corrida internacional organizada por la empresa "PASION Y TOROS" que encabeza el matador Zacatecano Marco A. Aguirre, se lidiaron dos toros de Fernando de la Mora, para rejones, y cuatro de Suárez del Real, para los de a pie, que han sido manejables en líneas generales.

Ochoa, en su despedida de esta plaza, con su primero no tubo suerte, Silencio, con el quinto de la tarde, al que instrumentó una faena de buena calidad. Mató de estocada y le concedieron las dos orejas, con opinión dividida asegurando con eso la salida a hombros de la plaza.


Hermoso de Mendoza en el primero tuvo una actuación lucida con sus caballos toreros. Mató pronto con el acero y fue premiado con una oreja con division. En el cuarto, el navarro estuvo muy bien pero falló con los rejones de muerte y escuchó ovación.



Spínola, con el tercero, fue aplaudido por su labor; más firme y valiente en el sexto hasta terminar cortándole una muy merecida oreja.



Fotografias: Jesus De Anda, Zacatecas Taurino

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viernes, 31 de enero de 2014

RAMÓN LÓPEZ VELARDE Y UN APUNTE DE TOROS EN 1916.


TOROS





Venía la Pascua y con ella el regocijo de las corridas de toros. Una cuadrilla improvisada en Zacatecas pasaba al redondel de mi pueblo. En la plaza de toros de mi tierra no hay palcos, y las familias se sientan en las gradas. Desde por la mañana comenzaban a mandarse a la plaza tapetes y tapetes, para que los vestidos estrenados el mismo día de la corrida no se ensuciara con el polvo del graderío. Manuel Borrego Hinojosa y yo entrábamos en congoja si a medio día no sacaban aún los tapetes de nuestras casas. Manuelito y yo nacimos en el mismo año, con diferencia de semanas; vivíamos en la misma calle, frente a frente; y éramos amigos inseparables en el velocípedo y en el volantín. El Domingo de Pascua no descansábamos: movíamos todas nuestras influencias hasta conseguir que de su casa y de la mía saliesen los tapetes: uno, con la imagen espantable de un tigre, y el otro, con una gran cesta de grandes rosas, ajadas por los pies de las visitas en luengos años de estrado. Manuel Borrego es hoy propietario de una mercería y ferretería en la ciudad de México, en el mercado de San Juan; es, además elegante y bailador; pero creo que no ha olvidado nuestra inquietud de 1893 y 1894, por ir a los toros.

De la plaza, a las tres de la tarde, emanaba júbilo y salud e impulsivismo. Pronunciábamos palabras irrespetuosas a la llegada de cualquier personaje impopular: un señorito acicalado, un juez venal, un padre celoso de las hijas y verdugo de los novios. Con el azul espeso del firmamento, y con el olor de la tierra mojada, cobraban audacia los pretendientes tímidos, y se sentaban a dos metros de la dueña de sus pensamientos. Mientras soltaban el primer toro, los músicos de la banda, los pobres músicos que se derretían bajo el sol, machacaban “las mejores piezas de su repertorio”, al decir de los programas.
No se hacía esperar mucho la primera diana. Con ella se premiaba un lance de capa, de banderillas o de estoque. Dianas, dianas y más dianas. Yo sentí el mal gusto y la pesadez de tanta sonoridad, y me consternaba que mis paisanos recargasen de epopeya los pistones y el bombo; pero después me he tranquilizado al oír dianas en el Abreu, una de estas noches. Y más que tranquilizó ver que el pianista Luis Alfonso Marrón era sacado en hombros, después de un recital en el Ideal, y después de que los pisaverdes le habían pedido el Himno y La golondrina.
Quien provocaba más dianas en los toros de Jerez era Manuel Berriozábal, picador de toros y pariente del general don Felipe, que fue ministro dela Guerra. Unaexcelente amiga mía, ya con nietas de veinte abriles y que tiene una sabrosa conversación (por la que dejo el cenáculo del señor Gamoneda y me salgo dela Escuelade Altos Estudios), me ha referido las genialidades de Berriozábal. Hallábase una mañana mi amigo en su sala, con las ventanas bien cerradas, cuando de pronto se abrió un postigo con estrépito, deslizándose por él una garrocha. Era que Berriozábal, a caballo y chispado por el alcohol, asaltaba a mi amiga para decirle: “Doña Cuca, écheme la bendición porque hoy en la tarde voy a picar”.
Y encima de la ebriedad de Berriozábal, caía la bendición de Nuestro Padre San Francisco. Y Berriozábal picaba a media plaza; y cuando la fiera no embestía, el picador la enardecía, arrojándole al hocico el sombrero charro, envidia de la comarca.
Las reinas, escoltadas por chambelanes de dudosa gallardía, daban premios a los lidiadores, si la corrida era de aficionados. Íbase el sol, y en el cielo irrumpía una estrella ansiosa, contra la cual se dispararían luego los madrigales de Pepe Gil, poeta sin esterilizar. Arrastraban las mulas el cadáver del último toro y volvía la concurrencia “a la diaria faena del dolor y de la vida”, como dice don José de Jesús Núñez y Domínguez.

 Si López Velarde se deslumbró ante los preludios de “tapizar” los tendidos de aquella, la plaza, su plaza de Jerez, privilegiada con la presencia de algún torero de fama, pero también con los actos heroicos de Manuel Berriozábal, charro y picador que solía realizar la suerte de varas como algún día la ejecutaron Agustín Oropeza, Celso González o el intrépido Natividad Contreras “El Charrito del siglo”, no pudo tampoco dejarse de admirar por la típica reacción del elogio y celebración para cualquier suerte bien ejecutada, que terminaban con sendas “dianas” que constantemente ejecutaba la banda en la plaza, cosa muy parecida al fenómeno de exaltación del que fue motivo el pianista Luis Alfonso Marrón que concluyó su actuación como cualquier gran diestro: llevado en andas por los “capitalistas” o “costaleros” entusiastas, que lo pasearon por las principales calles de la ciudad capital.
El recuento anecdótico de que está cargada su evocación nos recuerda a un poeta “sin esterilizar” como Pepe Gil, autor de madrigales de exquisita manufactura, pero también la forma en que el pueblo, al presenciar el arrastre del último toro de aquella tarde, no tenía más remedio que regresar a “la diaria faena del dolor y de la vida”, con lo que concluía la tarde torera, empezando, quizás, la larga espera para preparar una vez más tapices multicolores, mejor afinación a los instrumentos de viento y cruzar apuestas para saber si Manuel Berriozábal saldría al ruedo, una vez más, chispado por el alcohol.
He ahí, dentro del gran universo velardiano, un intenso capítulo de evocación taurina que se quedó impregnada en su memoria, y ahora en la nuestra, la de los navegantes seculares y milenarios que somos del XX al XXI y del segundo al tercer milenio, respectivamente.


jueves, 30 de enero de 2014

Leyenda Zacatecana: La Plaza de Toros de San Pedro.



Leyenda Zacatecana

La Plaza de Toros de San Pedro. 


El 18 de Julio de 1894, la aficion zacatecana estaba de placemes, y con justisima razon, ya que se anunciaba para esa tarde una monumental corrida de torros en la que torearian, alternativamente, Ponciano Diaz el coloso de aquellos tiempos y Jose Bauzari, diestro cubano. 


Desde la mañana se notaba inusitado movimiento, por todas partes se hablaba de toros, de los pueblos mas cercanos llegaban coches y diligencias atestadas de aficionados a la fiesta brava. Entre las familias que llegaron veniaRosario Llamas, la mas bella jerezana de aquellos tiempos, huerfana y muy rica, era uno de los partidos mas codiciados, sus tios la guardaban celosamente.Llego la ansiada tarde. Desde muy temprano los tendidos del sol y sombra estaban pletoricos de concurrentes, solo los palcos se hallaban desocupados hasta la ultima hora.Un sol radiante en un cielo sin nubes, verdadera tarde de toros; el publico esperaba con desbordante entusiasmo el momento en que el señor Juez de la plaza diera la señal para empezar la corrida.La Banda del Estado amenizaba la fiesta con alegres marchas y pasodobles y el publico de sol daba la nota humoristica.Por fin sono el clarin y aparecio la cuadrilla, al frente Ponciano Diaz con terno negro oro, el capote recamado de oro y pedreria, a su lado Jose Bauzari con terno verde y oro. Detras los banderilleros, picadores, mozos de estoques, etc.Dieron la vuelta al redondel entre los vivas de la multitud, en los palcos las damas saludaban con los pañuelos; alli estaba Rosario, hermosa entre las hermosas, realzando su belleza con la blanca mantilla, en el pecho un ramo de claveles rojos como sus labios.Al saludar Ponciano al palco de la presidencia vio a Rosario y se sintio atraido por la magica belleza de la jerezana, que lo seguia aplaudiendo sin cesar; entonces llamando a Casimiro Medina, su mozo de estoques, le mando el capote de paseo para adorno de su palco.Los toros eran de la ganaderia de Venader, famoso por su bravura y bella estampa, el que toco a Ponciano era un soberbio ejemplar apodado Pilongo, con una cornamenta espantosa que hubiera hecho temblar a otro que no fuera el diestro mexicano. Recibio dos buenas varas, no sin haber hecho horrible carniceria con los caballos de los picadores; los barendilleros se vieron apurados para lograr dos pares cabales al cuarteo.Ponciano hizo algunas suertes del toreo de aquel entonces y pidiendo permiso a la autoridad se dirigio al palco de Rosario y brindo: "Por la reina de esta tarde, la mas hermosa entre las hermosas zacatecanas"…Olas de rubor en el rostro de Rosario, y de envidia en todas sus vecinas de palco.Se dirigio al toro y despues de unos pases naturales, otros redondos y otros a su modo, dirigio la espada sobre la cruz del lomo del animal que se arranco sobre Ponciano, recibiendo el estoque hasta la empuñadura.Dianas, aplausos delirantes de la multitud, lluvia de flores, puros, sombreros y del tendido de sol muchos pesos de plata.Rosario, palida de emocion, se quito un anillo de brillantes y metiendo en el el ramo de claveles que tenia en el pecho lo arrojo a los pies del matador.Al terminar la corrida, fue Casimiro Median, el mozo de estoques, a recoger el capote de Ponciano y recibio de las manos temblorosas de Rosario un medallon con el retrato de ella para el torero y una bolsa de malla con dinero para el.No volvieron a verse; los tios, al ver el giro que tomaban las cosas, se alarmaron y se la llevaron esa misma tarde para Jerez; en vano le rogaron varios amigos que se quedaran a la fiesta que se daba en el Casino en honor del matador; Rosario, con el espiritu ausente, se dejo llevar sin protesta alguna.Nunca quiso casarse ni tener relaciones con alguno de sus muchos pretendientes, ni los consejos, regaños y amenazas de los tios la decidieron a tomar estado y vivio siempre fiel al recuerdo de aquella gloriosa tarde de toros en que Ponciano Diaz, el rey de la tauromaquia del siglo XIX, rindio pleitesia a su soberana hermosura.Ponciano tampoco se caso, sabia medir las distancias y pretender casarse con la bella y rica jerezana era como escalar el firmamento.


Cuando murio, cinco años despues de haber conocido a Rosario, encontraron en su pecho el medallon con el retrato de su amor imposible, como el la llamaba.
La plaza de toros de San Pedro fue testigo de este idilio.